Sé dejó escurrir a través de la cloaca dejando su cuerpo sentando en el banco. Corrió a través de ella semidesnudo y gritando, y se chocó con otro espíritu. Los choques de espíritus son raros, son como dos fuertes vientos en direcciones contrarias. Giraron alrededor de si mismos hasta acabar bailando y riendo. Se enamoraron de ese colage de ideas y sueños y se amaron en ese submundo silencioso exclusivo de ellos, no había edad, no había sexo, no había límites, si había tiempo.
Un escalofrío hizo que abriera los ojos, atardecía en el parque y el frío se coló en su sangre. Esta vez no logró calcular cuando tiempo duró la ausencia, se estaba acostumbrando a ellas y el banco le esperaba para compartirlas. Caminó con un aire un poco ausente, le costaba adaptarse de nuevo y no le vió venir, chocó y pidió disculpas y cuando levantó la mirada encontró un pedazo de si mismo y una mirada sorprendida. Quedaron prendidos en un tiempo sin medida hasta que la lógica hizo que los cuerpos siguieran caminando en dirección contraria intentando separar dos mentes aturdidas.