Se me rompió la bola amarilla dorada de donde colgué parte de mi vida el año pasado y con esa parte se fue el árbol, la sala, el suelo y un techo. Me encontré con más espacio para respirar y para sentir el calor y el frío. Me bañé en lágrimas de sal y en risas doradas y mi corazón creció tanto como mi nuevo mundo. El tren me llevó lejos en un vagón solitario con una pequeña maleta como única riqueza más llena de miedos que de trapos y desembarqué en una playa vacía y en un cuarto oscuro que fui llenando de experiencias y luz. Mis ojos se acostumbraron al mar, nuevo compañero de este viaje y mi sonrisa se asomó tímida a este nuevo mundo, mi conquista particular. Resucité, me escapé del país de los muertos donde mi único logro era respirar y me enamoré de mi y de mi nueva vida y de una tierra estéril hice un precioso jardín lleno de caras y nombres, de pocos amargos y muchos dulces momentos y hoy no tengo esa bola dorada que con saña se rompió, pero tengo un árbol virtual con sala y con techo, con mil momentos colgados y un corazón que late de nuevo.
¡¡ Gracias a la vida, que me ha dado tanto !!!