Las persianas seguían bajadas, otro día más. Dentro no había muchos recuerdos, sólo el color de unos ojos. Su mente se acercó a aquel momento, fuera del apartamento, a aquellas escaleras que miraban al mar, como ella, a aquellos ojos que le miraban con amor. Como un collage su mente dibujó un cuadro con un dulce beso en la espalda y con el ligero roce de una mano con otra mano. Fue aquel día en que se perdieron del mundo, sólo para encontrarse entre ellos. Luego, se bajó la persiana. No quedaba otro remedio. Se dijeron un adiós y un te amo, palabras que no se entienden, agua y aceite, patadas al corazón.