La rosa roja bailaba alrededor de la nada, dejando el rastro de gotas de sangre, un corazón escurrido lloraba en otro rincón de la nada, esa nada teñida de todo, ardía, olía, sentía, lloraba, amaba..., Como si fueran velos la rosa se iba desnudando de pétalos con cada giro, con cada sensual movimiento, se cimbreaba cual odalisca seduciendo a un amante... Ella y su corazón aturdido contemplaban el soleado día gris, lleno de nada, como cada día desde aquel día en que su corazón se quebró de un hachazo..., y entonces como en un milagro comenzó a llover, sin nubes..., un pétalo se enamoró de una pestaña, otro resbalando por su rostro se recostó en su pecho, otro..., le alcanzó la mano y otro se abandonó al destino acariciando unas labios entreabiertos, como suave nota musical se introdujo poco a poco hasta compenetrarse con el débil tictac, el cálido alimento revitalizó el latido, que intensificó su ritmo...
La rosa roja bailaba semidesnuda...
Ella comenzó a bailar vestida de rojo, sus ojos, sus labios, sus pechos, su corazón, la nada de repente se tiñó de vida...