Como una loca dejaba salir un sonido mudo de su garganta abriendo exageradamente sus labios rojos, haciendo suya una pena, penita, pena..., la cara es mas blanca, el colorete es mas vivo, los ojos tiznados de hollín y las pestañas postizas mas largas del mundo dibujaban la historia. Jose Ramón, mas conocido como Peperra renacía como Pepi Levián todas las noches de luna llena.
Miles de lentejuelas bailaban a su ritmo, unos marcados rizos de quita y pon, una boa camaleónica a momentos negra a momentos cualquier otro color y unos guantes a lo Gilda completaban una diva guardando perfectamente el equilibrio en un supertacón.
Por su cara, por su cuerpo, por sus venas resucitaban Rocío, Sarita, la gran Nina y sobre todo Lola, su particular diosa, de todas, la flor mas apasionada, mas viva, un poco mas inmortal en Peperra, mejor dicho Pepi mirándose en el espejo de ella...