Ella había salido a respirar... se ahogaba... no por falta de aire en su casa, por falta de aire en su vida, por falta de aire en su alma...nadie entiende la soledad mas que el que la vive, nadie entiende la muerte, mas que el que la decide... Él lo había decidido así... era una muerte en vida... tenía frío, demasiado frío... su vida era gélida, su sonrisa desde hace tiempo era una triste mueca auto impuesta. La nieve caía sin prisa, pintando lentamente de blanco la ciudad... ella se sentó en un frío banco, ahí sentía mas calor que en su hogar... se sacudió las lágrimas antes de que se congelaran en su rostro..., él, puso la mesa para dos... el mejor mantel, la vajilla mas bonita, velas y se sentó a escuchar la felicidad ajena... las familias reían, cantaban, lo normal un 24 de diciembre... y ahí estaba él, a solas, con esos recuerdos que matan... a solas, con la que hace años, ya hace muchos, que falta.... Ella siempre soñó con encontrar el amor, año tras año, mientras el sueño se difuminaba a medida que iba tiñendo canas y el paso de la vida se marcaba inexorable en su linda cara... Sintió un escalofrío sentada en el frío banco y él sintió un escalofrío sentado en su solitario hogar..., ella vio de repente unas profundas pisadas que misteriosamente se iban marcando en la nieve, trazaban un camino y lo siguió..., jugó incluso a encajar su diminuto pie en ellas, algo le empujaba... él oyó un sonido... un fuerte golpe en la puerta, abrió y encontró unas curiosas huellas marcadas en las escaleras y curioso las siguió... ella siguió caminando no sabía donde ni porqué, pero el fenómeno le atrapaba... él salió del portal y perdido miró y la vio venir... siguiendo un camino, directa a su casa... se miraron un momento, y sin haberse conocido nunca, se reconocieron... era como llegar a casa... él le dio la mano y le dijo... sube, tengo cena para dos... ella la tomó y mientras subían, escucharon una suave carcajada, que llenándolo todo salía de la nada...