Buscó a Wally en una mesa llena de Wallys y está mi cuaderno, mi boli, mi libro y mi café. Me encantaría pintar la música que escucho pero es tan difícil como explicar el ritmo de mi corazón o esta plenitud de mi alma.
Mi interlocutor es mudo pero no sordo y me escucha, un simple lienzo en blanco donde se desangra mi ser palabra a palabra. Y en ese momento de soledad elegida me acuerdo de ellos, esos con los que mi espíritu ríe y llora sin contenciones, son mucho más que nombres. Los necesito y no, porque sin estar están, qué loca vida esta que te llena de ausencias y te vacía de presencias.
Mi café está caliente y hace frío, mi sangre lo recibe como un amante y en mi mesa tengo un libro, un cuaderno, un café y siempre vuestro recuerdo..., os quiero.