El cielo se pintó de nuevo con mil colores, desde mi ventana no solo lo veo, lo siento. Se esconde entre el cemento y el ladrillo y se mira impúdico en mil cristales, creando un caleidoscopio gigante. Se vuelve urbanita y se acuesta civilizado con el ruido de un claxon, la cisterna, murmullos y voces. Es el mismo sol que se acuesta cada día en un mar de plata y paz, con el sonido de los olas y el del Café del Mar y que cierra el telón con una cascada de aplausos mezclados con olas. Soy yo la que he cambiado y ahora lo veo a través de mi ventana y desde otro lado de mi alma. El escenario de este momento de mi vida es otro, tiene más barrotes y más ruido y me cuesta un poco más oír, tocar, oler, sentir y ver la belleza. Pero sin duda ahí está, simplemente tengo que mirar a través de cristales y entre muros y ahí continúas como siempre, regalando la belleza de tu muerte para darme un poquito más de vida. Hasta mañana que de nuevo te espero, hoy no te aplaudo pero te llevo unos segundos más en mi retina.