Tenía un corazón viajero y unos ojos profundos, de esos que traspasan vidas y parten en dos. Un águila voló sobre su cabeza y sintió que tenía raíces demasiado profundas para sus deseos de volar. Su mente intentó alzarse pero chocó con una nube oscura y se quedó anclado, con un corazón angustiado y las maletas de sueños en la puerta, otra vez más.