PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS, MIS SUEÑOS Y MIS REALIDADES... PERO ANTE TODO, YO EN PALABRAS...
Un tímido sollozo rompió el sepulcral silencio y unos susurros consoladores se pararon en seco ante la órden de la mercedaria de turno, sor... vete a saber qué.
El mar golpeaba con furia las olas, el frío húmedo se colaba por las grietas de la cárcel, Saturrarán convertida en una losa gigante albergaba casi dos mil mujeres, algunas por hacer, recién nacidas a la madurez, otras demasiado maduras con el grillete en la mente y el miedo en la mirada, las más, valientes heroínas comprometidas con la resistencia y la república, librepensadoras con puño en alto por bandera y la voz clara, demasiado clara para el oído de algunos, otras ni sabían el porqué, ser novia, hija, madre, del enemigo de la patria.
Fue una limpieza de pensamiento, una revancha, una envidia, un saldo de cuentas, cosas de esa postguerra, un pie más encima del vencido, un poco más de sangre a derramar a ese río rojo que partía España en dos.
El hambre, el silencio opresivo, el cara al sol, la muerte, el maltrato, la humillación, los abusos, la violación..., se sucedían un día detrás de otro, un año tras otro, esa desgarradora rutina que asesina en vida.
Y las carceleras de crucifijo y tocas, miraban y reían. Abastecían de cajas para que las madres colocaran ese pequeño ser que no resistía y de bolsas para taparlos porque las ratas también tenían hambre y mordían..., el dolor sólo lo saben las madres y las piedras testigos mudos de tanta maldad consentida. Otros eran robados y regalados a alguna noble familia y el grito y los sollozos ahogados por la mercedaria de turno, sor... vete a saber qué.
Mi madre tuvo la suerte de simplemente enfermar y poder salir del infierno siendo una niña, mi abuela la desdicha de sentir en sus carnes tan desgarradora historia, su delito, la valentía de atreverse a pensar en voz alta...
A veces me pregunto cuánto hemos aprendido de la historia, de la nuestra, de nuestro drama rural, de cuánto ha valido la lucha de tantas mujeres y hombres si seguimos bajando la cabeza ante el opresor y dejando mutilar la libertad, extraña palabra..., esa que tanta sangre costó.
O, ¿es mejor no recordar?